viernes, 18 de febrero de 2011

Miraflores S.A.

Ella decidió vestirse de blanco ese día. Su mamá le dijo que el blanco no le quedaba, que no resaltaba los hermosos ojos marrones que decoraban su rostro (lo único bueno de su cara, para ser sinceros). Pero a ella no le importó, se puso un vestido blanco, unas zapatillas negras y se marchó. Ese día el verano había saludado a Lima y la neblina se había despedido. Las nubes, lo más lúdico del cielo, corrían como si la noche las estuviese persiguiendo. Ella miró al cielo y creyó estar mirándose en un espejo. Sabía que no era bonita, que la belleza se medía con muchos centímetros de altura y pocos de cintura. Se golpeó suavemente la cara con los dedos, caviló unos segundos, y siguió caminando. Hoy quiero ver el mar, pensó. Entonces, tomó el micro que tardaba mil horas en llegar a Miraflores. El micro es un buen lugar para pensar. El tema de aquella tarde era el rumbo que le estaba dando a su vida. ¿Era feliz? ¿ Necesitaba algo (o a alguien) para serlo? ¿Se sentía orgullosa de sus veinte años de vida? ¿Quería volver a nacer? ¿Era una buena decisión irse? Tantas preguntas serias y futuristas la marearon. Así que decidió escuchar la voz de Robert Plant, y en el mp4 sonaba Going to California.  Las calles de la avenida Arequipa estaban llenas de institutos, miles de nombres raros, miles de chicos con mochila, miles de preguntas recién nacidas y miles de cuadras hasta el óvalo de Miraflores. ¿Qué quiere el destino para ella? ¿Qué quiere hacer ella con su vida? ¿En Lima le quedaba algún asunto pendiente? ¿Los problemas se llevan en el avión y se toman en la cena con un café? Un chico de lentes negros subió al micro.
-Se parece tanto a Diego- pensó.
No, Diego no era ni su novio ni su ex. Diego era, simplemente, su experiencia más cercana al amor. Ella lo miraba desde su carpeta, a escondidas, mientras él hablaba con sus amigos de chicas bonitas y de sus planes para celebrar su ingreso a la universidad. Diego era el epítome de la perfección para ella: no era ni muy alto ni muy bajo, usaba lentes negros gruesos, su cabello era ligeramente ondulado y castaño, tenía una barba frondosa llena de sueños que solo ella concebía, su estilo parecía salido del mar. Diego era el título de su novela de amor. Diego era todo. Pero la perfección se quedó ahí, en el aire. Se mantuvo virgen y libre de cualquier conversación vana. Nunca hablaron, nunca él la miró en serio. Nunca. Nunca. Ella cree que estuvo enamorada de él. Pero, ¿cómo saberlo?
Tanto recuerdo la hizo abrir un libro, pero luego lo cerró, tras mil intentos fallidos de concentración. ¿ Qué iba a hacer sola frente al mar? ¿Mirarlo y sentir nostalgia anticipada? ¿Arrojar su boleto de avión al mar era una buena idea? ¿ Se sentaría en la banca en la que tantas veces pensó en él? Se bajó en el parque Kennedy para despedirse de su amigo pintor. Y luego pasó una de esas cosas que solo creemos que ocurren en la ficción de una película o un libro (esta es la parte en la que se acaba la tinta de mi pluma).
Diego apareció. Ella, de blanco, hablaba tranquilamente con su amigo, el pintor.  Y no se sabe por qué miró en dirección al Mc Donalds y bam., diego a punto de cruzar la pista. Y ella nerviosísima, con ganas de salir corriendo. Y su amigo pintor que no paraba de hablar. La verdad es que Diego la miró todo el rojo del semáforo. Y ella, escéptica, pensaba que miraba a otra persona. Al pintor, tal vez. Y bueno, tantas evocaciones, tantas miradas furtivas desde el fondo del salón, tantos exámenes dados pensando en él. Pero no. Lima no fue tan gentil como regalarle a Diego esa tarde. La esperanza había olvidado mostrar a la bonita y casi-perfecta chica que acompañaba a Diego. Lo más razonable fue despedirse de su amigo y partir al mar. A sentarse en la banca, a pensar, a pensar mucho. En  lo que deja, en lo que va a traer. A pensar en lo que nunca pasó y nunca pasará. A pensar, porque eso es lo único que ella hace bien. Lo único que hacen bien ella y su vestido blanco.

sábado, 12 de febrero de 2011

Confusiones(y confesiones) a la 2 y 27 am

Bueno, estoy rellenando una agenda improvisada en mi bitácora, cosas que tengo que hacer (y que no debo hacer), proyectos, exámenes, pensamientos, dibujos, insomnio. Miro la hora cada dos segundos, busco unas fotos para un afiche y me siento extraña. Entonces, me pregunto ¿qué debo hacer? Y la respuesta sale de las gotas de agua que acabo de tomar: debo(y quiero con toda el alma) escribir. Porque escribir es lo único que me va a aclarar el panorama de esta semana. Hay un silencio incómodo entre el teclado y yo. Hay mucho para contar, pero no sé por dónde empezar. Me robaron el celular el viernes. Sí, ya lo sé, mi cel, mi Motorola W270, estaba ya viejito, los años se habían encargado de su vejez. Ese celular se ha llevado en su chip(el cual ya bloqueé) todos mis secretos. Me lo regalaron la navidad del 2008 (año en el que egresé del cole y se comenzó a fregar todo), marcó época en mi vida: tenía conexión a internet, mp3, podía llamar y recibir sms (jajajaja), se le prendían unas lucecitas cuando me llamaban o me mandaban mensajes...ERA TODO.  Cuántas llamadas incómodas y estúpidas, cuántos mensajes desesperados pidiendo compañía, cuántas fotos, cuántos ya me va a llamar. Ay, cel, te extraño. Y al irte haz dejado abierta la posibilidad de comprarme un Nextel. Señor ratero de celulares con alto contenido afectivo, espero que haya tenido GRANDES motivos para haber aumentado una desgracia a mi semana(y a mi año).

Del insomnio he pasado al tengo sueño todo el día. No me dan ganas de levantarme, mi estado de ánimo cambia mil veces en un día, como poco y después un montón. Todo es un desorden total, esa es la palabra, DESORDEN.  Y no sé por qué rayos me molesta este desorden. Siempre he vivido en el desorden, un desorden personal (como el desorden del que habla J.R.R) un desorden que al final es orden, porque soy un poco maniática cuando arreglo mis cosas. Pero luego me aburro de mí orden( y de mí, también) y mando todo al tacho. Mi desorden es el mejor amigo de mi soledad. Ah, hay un tercero. Ahhh, hay un cuarto. Libros + papeles + desorden + soledad. ¡Qué bonito! Hay otra cosa que ha surgido esta semana. Me he vuelto demasiado reflexiva, digamos que, casi soy una filósofa. Todo el tiempo pienso y pienso y pienso. Pienso en todo, en especial en lo que más me duele. Y me quedo con la típica mirada al vacío y no quiero que nadie me hable (solo les dejo ese atrevimiento a los libros y a mi mamá). Y bueno, hay otra cosa, la más hardcore tal vez. Pero de esa no hay que hablar, porque me pone triste.


Ale.

domingo, 6 de febrero de 2011

En esta mueres, Diego. Mueres sí o sí (:

Piero está leyendo lo último que mi mano ha decidido escribir. Ha prendido mi lámpara negra y la luz ilumina la oración en la que nombro a Diego. Y entonces decido caminar en círculo,recorrer todos los rincones de mi habitación(en la que tantas veces pensé en no pensar en él). Piero parece estar concentrado, veo un brillo transparente en sus ojos. Ha movido la cabeza en señal de desaprobación. Supongo que me va a gritar y/o abrazar. A veces pienso que hubiese sido mejor mirarlo a él todos los recreos y no a Diego. Hubiese sido menos complicado, menos mierda. Pero me enamoré hasta los huesos de la mejor persona. De la mejor persona para mí, claro. No puedo ser más imparcial. Diego era(es) la mejor mezcla de literatura y libertad. Y bueno, yo me enamoré y él no. Suele pasar, así es la vida(¿así es la vida?). No es tan malo. Ayer les confesé a mis amigas que yo (la que le tenía pánico a los chicos) había estado enamorada hasta estar hecha mierda. Literalmente, hecha mierda. Y a esa confesión la respaldó un vaso lleno de Pisco con Sprite. Y yo no tomo, fue por ti, Diego. En fin, esa es ya una historia conocida, es mejor ya no hablar de eso. Ahora, Diego y yo somos patas, lo quiero como brother. Como dije alguna vez, voy a mandar de viaje tu lado de seductor y me voy a quedar con tu lado soy tu amigo en Lima. Esa historia, bastante manoseada y con mil finales, la está leyendo Piero. Y parece estar bastante entretenido. Piero ha llegado a mí y a mis manías en el mejor momento. Ha llegado ahora que me siento vulnerable y aburrida de tanta soledad. Quiero compañía, pero no compañía con agarradita de mano. Saber que alguien está cerca, eso es lo único que necesito(me la tengo que creer). Para el otro catorce de febrero, será.

He borrado las entradas anteriores, porque en todas Diego se asomaba por las oraciones. Quiero empezar de nuevo, volver a quererme más a mí que a él. No me gustan los cambios, porque implican mucha reflexión y revivir recuerdos para no volver a caer. Y los recuerdos son los que me ponen mal. Vamos a joder un poco al recuerdo. A ver todo lo malo y no lo bueno. Voy a borrar, a borrar mucho.


Ale
Lima, 5 de febrero del 2011.
Entrada escrita camino al aeropuerto. Tantas despedidas se fueron en un avión.