Hoy lo vi. Yo cruzaba la pista con mis dos tías y un libro bajo el brazo, y él apenas me miraba desde el cómodo asiento de su 4 x 4 negra. Por un instante nuestros ojos se cruzaron, luego yo miré a otro lado y él arrancó. Su cabello está distinto, está más lacio que de costumbre. Sus ojos tienen el mismo brillo de siempre. Ahora, la alegría de nuestros 19 años y la tranquilidad del dinero fácil que le ofrecen sus padres le dan un aspecto agradable a su rostro.
Lo conocí hace 8 años, por mi prima Ana Gracia. A él le gustaba ella, no yo. Pero yo la acompañaba a encontrarse con él y con Bruno, un chico alto de ojos azules que era 6 años mayor que yo. Mi prima tenía 15 años y vivía enamorada de los bíceps de Bruno. Yo no entendía qué hacía ahí, metida en la complicidad que caracteriza al enamoramiento. Recuerdo que Bruno siempre jugaba con mi cabello y que Ana se ponía celosa. Yo la calmaba diciéndole que cómo se le ocurría que yo le gustaba a Bruno. Mírame, Ana, ¿en serio crees que yo le gusto?. Ana sonreía tranquila y se maquillaba y preparaba para un próximo encuentro. Nos encontrábamos siempre en un parque cercano a mi casa a las 5 de la tarde. Mi prima y yo éramos de personalidades opuestas. Ella era extrovertida y segura de sí misma, pero Bruno me decía que se aburría cuando conversaba con ella, que no lo hacía reír. La seguridad de mi prima se basaba en su belleza, era delgada, alta (para sus 15 años), sus ojos eran verdes y su cabello lacio y castaño. Todo el barrio moría por ella. Yo era la prima menos agraciada de toda la familia: tenía algunos kilos de más, mi cabello no tenía descripción( no tiene) no se sabía si era ondulado o lacio, siempre me lo amarraba, porque pensaba que así no se notaría su estado indefinido. Me gustaba usar ropa ancha, siempre paraba con pantalones de buzo, poleras y zapatillas. Mi prima me perseguía con lápiz labial y yo corría por toda la casa evadiendo su fallido intento de lograr que se me vea bien. Supongo que, a veces, el físico define tu personalidad, lo descubrí en mi clase de sicología muchos años después. Yo era (y no he cambiado mucho) bastante tímida y nerviosa, me sentaba en la banca y los veía conversar. Bruno se sentaba a mi lado cuando se aburría de Gracia y me hablaba. Me decía al oído que yo lo hacía reír, que era un desperdicio que fuese tan tímida. Yo le sonreía y le decía que el mundo me parecía muy raro, que no entendía a los chicos y que me gustaba mucho leer. La belleza de Bruno me intimidaba por momentos, pero la mayor parte de nuestra conversación era horizontal, es decir, los 6 años que me llevaba se perdían por el pasto, y cuando me miraba con tanta ternura olvidaba que el era casi perfecto y bueno, yo no.
Pablo, así se llamaba. Era el mejor amigo de Bruno, siempre jugaban fútbol los fines de semana. Pablo tenía el cabello lacio y la piel bronceada, sus ojos siempre brillaban ( creo que ya lo dije). Yo lo miraba desde abajo, ya que él, a pesar de tener ambos la misma edad, era notablemente más alto que yo. Cuando Bruno me lo presentó, él me sonrió tímidamente y se dedicó a contemplar a Gracia. Ese día, cuando llegué a casa, me tiré a mi cama y escuché a Fito Páez a todo volumen. Me sentía triste y no sabía por qué, Pablo había mirado a mi prima y no a mí, mis 11 años no querían aceptar que yo ya estaba inmersa en el cursi camino del tú me gustas y yo no a ti. Me lo cruzaba algunas veces, cuando regresaba del colegio, mi uniforme me quedaba horrible, él siempre iba con buzo. Ni siquiera me miraba. En cambio, cuando iba a la tienda con mi prima y lo veíamos, él se esforzaba por mostrarse maduro y educado, nos daba un beso en la mejilla a las dos. Todo muy bonito hasta que Gracia le preguntaba por Bruno y silencio incómodo. Una vez Bruno me recogió en el colegio, mis amigas lo miraron como si fuera un dios. Me empujaron hacia él y me gritaron qué suerte tienes, oye. Yo le sonreí y le pregunté con la mirada que quería. Me dijo que quería estar con mi prima y que yo tenía que ayudarlo, hablo de algo así como hacer el bajo. Yo no entendí y él empezó a explicarme. Me invitó una gaseosa y nos sentamos en el parque.
-Mira, Ale, yo te he dicho que tu prima me aburre, y es verdad. Pero todos mis amigos dicen que está buena y que debe ser mi enamorada. Así que dime, ¿yo le gusto a Gracia?.
-¿Te aburre y quieres estar con ella? Bueno, si quieres saber si le gustas, pregúntale, dile que sea tu enamorada. He visto en una película que cuando los chicos le dicen eso a las chicas deben darle flores. A ella le gustan los tulipanes.
-Ay, Ale, tú no entiendes, estás muy chiquita. Cuando uno está con alguien hace otras cosas, no solo se habla. Eres muy linda, tendrás muchos novios cuando seas grande( ¿me río?) .
Me estoy riendo, ahora me cruzo a Bruno y ni siquiera nos saludamos, él sigue lindo, y siempre lo veo solo.
Bruno me dejó cerca de mi casa y se despidió con un abrazo y un beso en la mejilla. Me dijo que mi primer enamorado iba a ser muy feliz, porque yo reunía dos cosas importantes: sabía conversar y era linda. Yo me puse rojísima y toqué el timbre muy fuerte. No le dije nada a Gracia, por esos días no hablábamos. Ella me decía que yo siempre paraba muy sola y que le aburría el simple hecho de verme leer todo el tiempo. Yo pensaba que Bruno no era para ella ni para ninguna chica, en realidad.
Gracia me sacó casi a la fuerza el viernes a las cinco de la tarde. Yo no quería ir, no quería ver a Pablo. Además sabía que no podría hablar con Bruno porque él le diría a Gracia que sea su enamorada. Ese día me miré al espejo y sentí que algo había cambiado en mí.
Mis predicciones se cumplieron, me dejaron sola con Pablo. Yo miraba los árboles y veía como Gracia y Bruno se dirigían al extremo del parque, caminaban muy juntos y no hablaban.
Pablo me dijo que le gustaba mi prima y que odiaba a Bruno porque él siempre se quedaba con todas las chicas. Me dijo que Gracia no le hacía caso porque él era menor que ella y eso no se veía bien en nuestra sociedad. Hasta ahora no entiendo de qué sociedad hablaba. Yo me sentía molesta, quería irme a casa y escuchar a Fito Páez, quería borrar a Pablo del mundo, quería que sufra por mi prima. Me dijo que lo ayude, por favor. Luego me agarró la mano y me dijo que no era tan fea. Nunca olvidaré lo que dijo porque algunos chicos me lo volvieron a decir. Si bajas de peso y te vistes de manera más femenina, puedes gustarme. Eso me dolió, una persona desconocida me había sugerido que solo con un cambio lograría gustarle a alguien. Me llevó a la tienda. Recuerdo que nos encontramos con un amigo y me lo presentó. Pablo le dijo, ella es Alejandra, mi amiga. Él chico se llamaba Diego y me dijo que yo era muy stone.
Me compró un chocolate princesa, creo. No recuerdo muy bien de qué hablamos, fue como si el chocolate hubiera tenido algún efecto que me hizo perder la memoria. Volvimos al parque y Bruno besó a Gracia frente a nosotros. Ella me contó todo camino a casa, yo no la escuchaba. Terminaron después de una semana. Sabía que Bruno se aburriría, nunca volví a hablar con él. A Pablo lo veía a veces porque yo era amiga de su primo. Algunos vecinos pensaban que éramos enamorados. Pablo siempre se aproximaba mucho a mí cuando caminábamos y cuando hablábamos, eso me incomodaba, me hacía sentir prisionera. Luego lo dejé de ver por un tiempo, y bueno hoy lo vi.